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Diario de León 20-04-2015

No pudo ser. Y es no sólo una lástima, sino un motivo para la reflexión urgente. Contra toda lógica, la primera feria interpolígonos de la provincia ha tenido que ser aplazada. No suspendida, porque quienes la impulsan están tan convencidos de su necesidad y de la bonanza de sus resultados que no están dispuestos a dar su brazo a torcer. Y eso merece un aplauso cerrado de toda la sociedad leonesa.

Un informe pubicado en estas páginas sobre la concentración empresarial llamaba la atención sobre el impacto de los polígonos industriales en este fenómeno, bajo la premisa de que la cooperación permite reducir costes al afrontar compras y servicios con economía de escala. El foro de Bankia también llegó al punto común de la necesidad de colaborar para hacer de la unión una fuerza que no tienen las micropymes que forman nuestro tejido productivo.

Teorías que una vez más se estrellan con la práctica de la realidad empresarial leonesa. ¿Por qué? Frente a estas teorías y augurios de desarrollo común las empresas leonesas siguen viviendo en su mayoría unas de espaldas a las otras. Lo saben bien en Apepil, empeñada en que las iniciativas locales se conozcan. Saben que muchas pymes de León contratan fuera de la provincia productos y servicios que ofertan sus vecinos de nave. Seguramente a mejor precio. Pero no lo saben. No se conocen.

La labor de las administraciones ha quedado en entredicho con la iniciativa de la asociación empresarial. Frente al reiterado discurso político se impone la cabezona realidad. Una lluvia de polígonos industriales riega el disperso, complicado y más o menos depauperado territorio provincial. ¿Cuántas empresas pueblan este terreno presuntamente abonado al emprendimiento? Ni idea. Apepil ha tenido que contratar un servicio que realice a pinrel un censo. El punto de partida ya es penoso: si no se conoce la realidad, difícilmente pueden afrontarse los retos.

Lo cierto es que es esta una provincia (como la mayoría) plagada de fantasmagóricos polígonos nacidos al amparo de subvenciones (en lo que nos toca, sobre todo el Miner) y de ansias de grandeza de pueblos que hicieron de unas eras ficticio terreno industrial. Pero también es verdad que el potencial de colaboración es tan enorme como desconocido. ¿Tan torpes son las pymes leonesas que no van a tomarse la molestia de mirarse a sí mismas? Queda un año para hacer la reflexión. Hasta la próxima convocatoria de Apepil. Decidan qué quieren ser.


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